¿Quién dijo que no podemos ser inmortales?
La inmortalidad me la regalas solo con un beso en las mañanas, con cada caricia sincera que marca mi piel antes de que la jornada intente tomar nuestros sueños de la almohada.
Inmortales son nuestras charlas absurdas y jocosas cada día al tornar del trabajo.
Inmortal me siento con cada risa, cada abrazo, cada lágrima nuestra, cada momento en que hago de tu aroma mi eterna vida.
Inmortales somos pues la vida sin tí solo es eso, una palabra, y se que no se me da bien decir que sin tí estoy perdido, pues la verdad es que sin tí soy tan solo un simple mortal que transita moribundo en esta repetida página.
Nos siento inmortales al ver nuestros pequeños hijos crecer y aprender lo que nunca aprenderemos.
Ni siquiera la eterna noche significa un final porque juntos simplemente somos siempre un nuevo inicio.
Relatos...que desde el fondo de corazones, almas y pulmones deciden contarlo todo...sin importar cual sea la historia...
viernes, 15 de noviembre de 2013
Inmortales
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