domingo, 27 de abril de 2014

Que sea el viento

Que sea el viento quien te cuente de mis dias y te susurre al oído todo aquello que mi alma por las noches ha callado en una lágrima.
             
Que sea el viento de noviembre quien acaricie tus mejillas de porcelana y te porte a nuestras tardes de extrañas y disfrutadas aventuras.

Que sea el viento por un instante el lienzo que siempre mereciste para el azul que una vez juramos no cansarnos de pintar.

Que sea el viento quien por última vez entre sus corrientes me porte el aroma de tu alma y el sabor de ese beso fugado.

Que sea el viento quien te cuente de mis días aunque este sea el último de mi vida amor mío.

Crónica de medio día...

¡Ayuda!, como piediendo misericordia
suplica un hombre en el caos de una
ciudad que por años ha sido testigo,
solamente testigo del silencio de muchos,
la voz de pocos y los gritos de indiferencia
plasmados en el confuso cotilleo de los
tantos que esta urbe alberga como su historia.

Paulatinamente el sol de medio día se desvanece
y la caótica sinfonía urbana se apaga, como una
pequeña vela se derrite en una magnífíca noche
de medievalidad contemporánea. Las noches,
los atardeceres, una banca, un beso, un abarzo
no se hacen presentes en el curso de está bella
y sorpendente "vida".

El calor de sus brazos, pensaría que fuese
el único consuelo antes del inesperado "final",
y sus lágrimas derramadas el oneroso billete
a un lugar donde nadie pueda molestarnos, donde
el tiempo sea solamente un reloj y no preocupación,
donde no existan personas, sino humanos,
un lugar donde cada mañana despertemos a vivir.

Como pidiendo misericordía a la vida, las personas
"viven" sin saber que primero hay que morir
para empezar a vivir. Con un tierno beso en la frente
y con un dolor pesando en mi alma, sonrío y murmullo
lo que será para él la más dulce mentira que lo
mantendrá "vivo" hasta verlo aquí o en otra vida...