Resulta triste decir que el tiempo no pasa en vano. Pues aunque así sea, mi vida se detuvo el instante que atravesé el azabache de sus ojos, y quedó impregnado en mi alma el azul de la suya.
Resulta tristemente gracioso decir que ayer éramos aquellos jovencillos ingenuos que deambulaban por las calles de la ciudad tomados de las manos hasta aferrarnos a eso que tanto anhelábamos y creíamos no conocer, felicidad. No cualquier felicidad, no esa que está escrita en cuentos de hadas, ni aquella de la que tanto enorgullecía mamá, hablábamos de esa felicidad en la que quedarnos dormidos en el campo contemplando las millones de estrellas resultaba tan aterrador y tan reconfortante. Aquella que con un jarro de café, una banca en el parque y una historia era la forma más atrevida de consumar ese sentimiento que aún no se va. Aquella que en el instante en el que nuestros corazones palpitaban más rápido y nuestra respiración cedía no era cuando estábamos cerca sino cuando nos faltábamos. Esa felicidad de ver a la muerte a través de sus ojos sin sentir ni por un segundo miedo, al contrario, paz y tranquilidad si nos teníamos el uno al otro. Aquella que nos volvía unos aburridos alegres o tristes esperanzados. Esa en la que el silencio era forma más pura de decirnos todo. Aquella en la que las distancias, así como desgarraban partes de cada uno, cocían un pedazo de uno al otro. Aquella en la que nuestras lágrimas no eran de tristeza ni de felicidad, era solamente eso, lágrimas con una historia. Esa felicidad en la que nos regalábanos el mundo cada día en un abrazo. Aquella en la que dejarnos caer el uno al otro era nuestra calma. Aquella en la que probar el fuego y la muerte no era ni por un segundo un reto. Aquella por la que ni el tiempo ni el espacio eran importante. Esa felicidad que tanto buscamos y creímos no haber encontrado hoy no son más que memorias ya decrépitas y olvidadas, no por tí, no por mí, solamente olvidadas por el tiempo. A pesar de que hayamos "elegido" hacernos cargo de nuestra soledad y por ende de nuestros caminos, talvez hoy sé qué es el amor, talvez sea esa parte de nuestra vida donde florecimos y continuamos creciendo sin darnos cuenta que solo se florece una vez, esa pequeña sensación de haber visto todo pero jamás observado a través de sus ojos, ese momento tan fugaz que no cabe en una palabra pero sí en su sonrisa. Talvez hoy entiendo que aún continúo como ese joven ingénuo que no advertía lo que pasaba a su alrededor y hoy se dió cuenta que ni el sol lo enciende sin ese pedacito de azul.
