Suena triste decir que el cielo perdió una estrella.
Y aunque existan millones no había ninguna tan azul y única como ella.
Al universo poco le importó dejarla atrás y se limitó a ignorarla aunque sabía que en su azul se escapaba la vida.
Su azul era mucho más que un complejo color.
Su azul era lo que Pancho, Pablo y Mercedes trataban de explicar, con una letra, una pintura, una canción.
Extraviada en el vacío no supo que hacer con su vida. No sabía que era lo que representaba, no sabía dónde encajaba. Habían días en los que lloraba y su azul se tornaba el azul inocencia, y sus lágrimas partían desde el corazón hasta el pulmón. Su llanto quebraba la cordura pues no era justo que tan bellísima estrella estuviese perdida.
Esta estrella, pronto de quien mucho hablaban y poco conocían, deambulaba por las calles de una ciudad pintando su azul en una muralla, en un papel o simplemente en el cielo. Era su consuelo ante el hecho de haber quedado como un cuento.
Poco a poco fue aprendiendo y sonriendo, y las noches oscuras se tornaron el azul que tanto amaba Mercedes; y los días que tanto entristecían a Pablo se pintaron con su sonrisa tan ingenua y preciosa, tal y como Pancho un día lo vivió en sus letras.
Así que no te sorprenda si hoy llueve, Rigel, pues es el universo que se siente triste al saber que 19 años atrás perdió en la Tierra a su más grande estrella, tú. Y aunque tu camino esté limitado a esta vida, aún no sabes que pintas de azul alegría los más oscuros grises, empezando por el gris de esta alma.
Feliz Cumpleaños Abi.
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