Sed de sangre, tu sangre limpia cual aire roza mi mejila,
y me transporta a un lugar donde solo oigo tu voz.
Sed de pasión, ardiente como el fuego
que un día plasmado en la interperie fué amor.
Tú calmas esta sed que tengo de tí
no porque estés aquí, simplemente
es porque estos recuerdos matan
poco a poco el tiempo perdido.
Manantial que a la vez que nutres, secas mi alma
cansada y tan confundida de esa palabras
que una hora calmaron mi sed y después
se esfumaron de tu mente frágil.
Me resta arrancarme el alma,
para que sea ella quien siempre
te acompañe a donde quieras
provocar sed de tu cuerpo y alma.
Al menos así mi alma nutrirá
de vez en cuando una pequeña
porción de lo que tú un día llamaste
"tu negro y seco corazón".
No hay comentarios:
Publicar un comentario